Lo que teníamos en común: nuestra inquietud, nuestro espíritu soñador, el incansable amor por la ruta
martes, 8 de diciembre de 2009
De colores
lunes, 12 de octubre de 2009
Y derrepente "De vuelta a Comala"

Me escapo... o más bien regreso al mundo que sí es mío, pero que ya no es igual, ya no es como lo dejé antes de salir, porque ahora todo a mi alrededor toma un cierto tono a viejo demasiado viejo y me siento vivo pero distante, porque es y no es el mismo.
El traslado siempre es tortuoso, quisiera no volver nunca, pero no puedo, siempre hay manos demasiado largas que me obligan el regreso. La transición entre la fantasía y la realidad es sofocante, porque las fantasias siempre tiene algo de real y la realidad comienza a tener demasiados matices fantásticos.
De regreso a la realidad, de vuelta a Comala, busco un pase sepia sin retorno y me ahogo entre gritos de almas en pena...
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domingo, 4 de octubre de 2009
Cansadumbre

¿No les caga cuando sienten que el mundo, el entorno, la vida los sobre pasa? porque entonces uno se siente chiquito y no le dan las ganas ni las fuerzas para nada.
Sobre todo cuando uno se compromete desde hace un par de semanas a escribir algo y namás no sale nada, como estar desguanzado intelectualmente o físicamente, o ambas...
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viernes, 7 de agosto de 2009
Carta a la pequeña Elizabeth
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Hola nena, tú no me conoces y tal vez nunca me conozcas, pero yo te amo chiquita, me encantan tus deditos que me abrazan en las noches cuando la obscuridad te asusta tanto, y cuando caminas despacio, pasito a pasito aquel pasillo largo de la casa, me encantan tus rulos frescos de primavera, y tus rodillas raspadas por el suelo mojado aquel domingo del parque México en que aprendiste a andar en bici. Yo tampoco te conozco pequeña y tal vez nunca te conozca, pero te soñé, un par de veces, no demasiadas y aun así ya siento que te quiero, te siento mía, porque surgiste como Atenea de mi cabeza loca, de la cabeza loca de papá, un poco por subconsciente otro poco tal vez por aquella sensación extraña que nos da a todos a cierta edad cuando los sueños se vuelve profundos y maduros. Te escribo esto porque te lo debo, porque siento una deuda enorme contigo de no lograrte, de dejarte escapar al amanecer cuando despierto de esos sueños hermosos. Me encantas nena y te escribo esto con cierta melancolía, con lágrimas dulces que me brotan de una nostalgia futura infutura. No se me olvida el día que te descubrí, apareciste de pronto en una sala que no existe, y me sorprendí muchísimo porque no te esperaba, pero fui tan feliz… tan feliz, traías un vestidito azul con puntos blancos y los pelos sueltos, revueltos revueltos, una maraña de chinos incontrolables y preciosos, y caminabas hacia mí y nos sentábamos en el sillón grande frente al estéreo a escuchar los discos viejos de papá, y cantábamos like a rolling stone de ese viejo desconocido que a mamá le gusta tanto y te reías porque mi barba te hacia cosquillas cuando te daba un beso cosquilludo, y llegaban tus tíos a una de esas comidas que organizábamos en casa cada mes, y jugabas con el tío Luis y con la tía Emilia, y la tía Alicia que te hacia un montón de trenzas raras y felices, y hasta con el raro pero siempre interesante tío Ramón que usaba un vestido grande y negro y hablaba muy bonito. Me acuerdo que te acercabas a ellos y les hacías muchas preguntas impresionantes porque eres una pequeña muy curiosa, curiosa e inteligente y loca como tu mamá y también muy coqueta. Recuerdo también la segunda vez que nos encontramos en mis sueños, yo veía tele hasta muy noche y tú me hiciste irte a contar un cuento de esos raros que a veces te inventaba, y después me leíste un libro rosa de princesas posmodernas y hadas que hacían sortilegios para evitar al dentista, y otro libro grande con muchos dibujos al que le cambiaste el final porque no te había gustado el que el señor que lo escribió le había puesto y te inventaste un final mucho mejor, después me acuerdo que me hiciste ponerte el disco de Luis Pescetti y cantarte ¡Hay Lili! para que te durmieras, pero en vez de dormirte nos quedamos platicando toda la noche sobre cosas de niños, cosas que compartíamos, y tú eras mi princesa. No recuerdo cuando naciste porque no naciste y eso me duele un poco aquí adentrito donde un día no te conté que está el corazón. Eres un sueño, mi sueño y te escribo esto hoy aunque pensaba dejarlo para después, pero sé que si lo dejo para después, nunca lo escribiré; y lo leo para que quede perfecto, pero cada que lo releo se me quiebra la voz y si me atora el pecho y sigo escribiendo, para no tener que despedirme y tenerte conmigo un ratito aunque sea en esta esquizofrénica fantasía. Pero no llores vale, no creas que eres un personaje más de un cuento de esos que me invento para vivir, no nena, tú eres un sueño, y no hace falta tener más de cuatro años para saber que un sueño no es un personaje, es como tú, algo que ya es parte de mi, eres la niña de mis ojos, pequeña Elizabeth tienes los ojos enormes de tú madre, y la mirada de jaguar de papá, que no se te escurran, ven conmigo esta noche, pasemos este último sueño juntos, toma de nuevo mi dedo con tu manita como lo hiciste aquella noche en que me robaste el corazón.
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Hace unos meses soñé que tenía una nena…
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lunes, 27 de julio de 2009
Pan calientito

Lo delicioso fue ver salir el pan en las torres enormes y escuchar como los bolillos aun tronaban de que acababan de salir del horno, en verdad tronaban, calientitos, como para abrir uno y llenarlo con mantequilla y darle una mordida mientras el olor te llenaba el alma.
Al final, terminé comprando tres bolillos que abrí lentamente cuando llegué a mi casa, los tomé con delicadeza y les encajé el cuchillo, a uno le puse mantequilla, el segundo lo disfruté con mermelada de zarzamoras; me impresionó que el pan aun estaba caliente cuando me lo comía, delicioso, no se si alguno de ustedes ha tenido la experiencia de comer pan salidito del horno, pero es una de esas cosas que uno no debe dejar pasar nunca. El tercero para los que se quedaron con la duda, lo guardé hasta la noche, y me lo comí sopeado en un café con leche; actividad muy practicada hace algunos años en esos exóticos cafés mexican-chinos de la colonia Roma.
sábado, 27 de junio de 2009
Entre clavos y aserrín

Cerca de mi casa hay una maderería, casi no paso por ahí, de hecho hace años que no pasaba por ahí, pero hoy en la mañana camino al mercado, me fui por la ruta de la maderería justo cuando estaba llegando la madera del aserradero.
Me encanta como huelen las madererías, como huele la madera cuando la cortan, ese olor entre madera y madera quemada, y gente trabajando, y aserrín, y los ricitos esos de madera que están siempre tirados por todo el piso. Me gusta ver a los señores cortando, lijando, desbastando los trozos enormes de arboles, con sus sombreros y sus pantalones vaqueros, con su bicolor en la oreja, escuchando huapangos, con el pelo lleno de aserrín, sacando sus flexómetros y midiendo las mesas, las sillas, las puertas.
Hoy en la mañana caminaba y me detuve en la maderería a oler la madera, a escuchar los serruchos, los esmeriles, a sentir por un segundo que pudo haber pasado en otro universo, en el que yo era carpintero, y tenía un sombrero y un martillo y escuchaba huapangos, y tenía un bigote increíble, con los jeans sucios y arto aserrín en la cara y entonces me construía una silla, y una mesa y unas puertas, y era feliz, feliz todo el día entre esos olores deliciosos, poniendo clavos por aquí, quizá un par de pijas por allá, barnizando una cabecera enorme, y al final llegar a mi casa cansado, realmente cansado y dormir.
Don Chuco el carpintero sería en mi otra vida, y hablaría cantado, y tendría un par de hijos a quienes les enseñaría el oficio, una vida sencilla y feliz, una vida diferente que transcurre entre clavos y aserrín.
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lunes, 22 de junio de 2009
cuando olvidamos que vivir es tan fácil como andar en bici

domingo, 14 de junio de 2009
no baby no more... (o acerca del vacio y la nada)

miércoles, 20 de mayo de 2009
de voz en vos

domingo, 17 de mayo de 2009
Chau Benedetti

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viernes, 1 de mayo de 2009
Pánico crónico

martes, 21 de abril de 2009
Tardes con lluvia

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Diez minutos después entré a mi casa empapado y mi hermana soltó una de esas exclamaciones medio absurdas diciendo “estás empapado” y yo en lugar de hacerle notar su obviedad, no pude mas que soltar un “si” mientras sonreía.
sábado, 14 de marzo de 2009
Los 10 libros que me cambiaron la vida
1.- Demian (Herman Hesse)
2.- Últimas noticias del paraiso (Clara Sánchez)
3.- El amor en tiempos del cólera (Gabriel García Marquez)
4.- La biografía del "Che"
5.- Rayuela (Julio Cortazar)
6.- El aleph (Borges)
7.- Manhattan Transfer (Jhon Dos Passos)
8.- Los Detectives Salvajes (Roberto Bolaño)
9.- El evangelio según Jesucristo (José Saramago)
10.- Las batallas en el desierto (Jose Emilio Pacheco)
miércoles, 4 de marzo de 2009
Working...

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miércoles, 11 de febrero de 2009
Filósofos Posmodernos
