viernes, 7 de agosto de 2009

Carta a la pequeña Elizabeth

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Hola nena, tú no me conoces y tal vez nunca me conozcas, pero yo te amo chiquita, me encantan tus deditos que me abrazan en las noches cuando la obscuridad te asusta tanto, y cuando caminas despacio, pasito a pasito aquel pasillo largo de la casa, me encantan tus rulos frescos de primavera, y tus rodillas raspadas por el suelo mojado aquel domingo del parque México en que aprendiste a andar en bici. Yo tampoco te conozco pequeña y tal vez nunca te conozca, pero te soñé, un par de veces, no demasiadas y aun así ya siento que te quiero, te siento mía, porque surgiste como Atenea de mi cabeza loca, de la cabeza loca de papá, un poco por subconsciente otro poco tal vez por aquella sensación extraña que nos da a todos a cierta edad cuando los sueños se vuelve profundos y maduros. Te escribo esto porque te lo debo, porque siento una deuda enorme contigo de no lograrte, de dejarte escapar al amanecer cuando despierto de esos sueños hermosos. Me encantas nena y te escribo esto con cierta melancolía, con lágrimas dulces que me brotan de una nostalgia futura infutura. No se me olvida el día que te descubrí, apareciste de pronto en una sala que no existe, y me sorprendí muchísimo porque no te esperaba, pero fui tan feliz… tan feliz, traías un vestidito azul con puntos blancos y los pelos sueltos, revueltos revueltos, una maraña de chinos incontrolables y preciosos, y caminabas hacia mí y nos sentábamos en el sillón grande frente al estéreo a escuchar los discos viejos de papá, y cantábamos like a rolling stone de ese viejo desconocido que a mamá le gusta tanto y te reías porque mi barba te hacia cosquillas cuando te daba un beso cosquilludo, y llegaban tus tíos a una de esas comidas que organizábamos en casa cada mes, y jugabas con el tío Luis y con la tía Emilia, y la tía Alicia que te hacia un montón de trenzas raras y felices, y hasta con el raro pero siempre interesante tío Ramón que usaba un vestido grande y negro y hablaba muy bonito. Me acuerdo que te acercabas a ellos y les hacías muchas preguntas impresionantes porque eres una pequeña muy curiosa, curiosa e inteligente y loca como tu mamá y también muy coqueta. Recuerdo también la segunda vez que nos encontramos en mis sueños, yo veía tele hasta muy noche y tú me hiciste irte a contar un cuento de esos raros que a veces te inventaba, y después me leíste un libro rosa de princesas posmodernas y hadas que hacían sortilegios para evitar al dentista, y otro libro grande con muchos dibujos al que le cambiaste el final porque no te había gustado el que el señor que lo escribió le había puesto y te inventaste un final mucho mejor, después me acuerdo que me hiciste ponerte el disco de Luis Pescetti y cantarte ¡Hay Lili! para que te durmieras, pero en vez de dormirte nos quedamos platicando toda la noche sobre cosas de niños, cosas que compartíamos, y tú eras mi princesa. No recuerdo cuando naciste porque no naciste y eso me duele un poco aquí adentrito donde un día no te conté que está el corazón. Eres un sueño, mi sueño y te escribo esto hoy aunque pensaba dejarlo para después, pero sé que si lo dejo para después, nunca lo escribiré; y lo leo para que quede perfecto, pero cada que lo releo se me quiebra la voz y si me atora el pecho y sigo escribiendo, para no tener que despedirme y tenerte conmigo un ratito aunque sea en esta esquizofrénica fantasía. Pero no llores vale, no creas que eres un personaje más de un cuento de esos que me invento para vivir, no nena, tú eres un sueño, y no hace falta tener más de cuatro años para saber que un sueño no es un personaje, es como tú, algo que ya es parte de mi, eres la niña de mis ojos, pequeña Elizabeth tienes los ojos enormes de tú madre, y la mirada de jaguar de papá, que no se te escurran, ven conmigo esta noche, pasemos este último sueño juntos, toma de nuevo mi dedo con tu manita como lo hiciste aquella noche en que me robaste el corazón.

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Hace unos meses soñé que tenía una nena…

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3 comentarios:

Marifer dijo...

Me encantó! Y se que quizá le quite romanticismo, pero es un poco como Borges en las ruinas circulares. Y si todos somos el sueño de alguien más?
Abrazo!

Gildardo dijo...

Hola hermano... Ya cumpliendo lo prometido... Vaya hermano... Impresionante la entrada... Casi lloro, y eso es difícil... CHINGONA A MÁS NO PODER... QUISIERA TENER PALABRAS, PERO BIEN SE DICE: CUANDO NO TENGAS BUENO QUE DECIR, MEJOR NO DIGAS NADA...

Lo único, es que coincido con Marifer, Sobre todo después de que leí aquel libro de: "La vida es sueño"... Podremos estar viviendo simplemente en un sueño??? Será que posiblemente alguien está soñando todo esto??? PUES SI ESTÁ SOÑANDO QUE ME OIGA QUE QUIERO RECUPERAR A MI NIÑA... Jajaja...

Un fuerte abrazo hermano...

Saludos, aprovechando que mi alma me permitió darme un paseo fuera de ella

Cíclopa dijo...

Tanto tiempo, saludos y abrazo.