lunes 12 de octubre de 2009

Y derrepente "De vuelta a Comala"


Y de repente abrir los ojos y regresar al mundo, pero diferente, de una manera diferente, con un sentido diferente, con un color, un olor y una emotividad diferente. Sentado en cualquier parte siento la fuga de un mundo que no existe, repleto de fantasmas que no son mios, pero que me tocan y me ponen chinita la piel.

Me escapo... o más bien regreso al mundo que sí es mío, pero que ya no es igual, ya no es como lo dejé antes de salir, porque ahora todo a mi alrededor toma un cierto tono a viejo demasiado viejo y me siento vivo pero distante, porque es y no es el mismo.

El traslado siempre es tortuoso, quisiera no volver nunca, pero no puedo, siempre hay manos demasiado largas que me obligan el regreso. La transición entre la fantasía y la realidad es sofocante, porque las fantasias siempre tiene algo de real y la realidad comienza a tener demasiados matices fantásticos.

De regreso a la realidad, de vuelta a Comala, busco un pase sepia sin retorno y me ahogo entre gritos de almas en pena...
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domingo 4 de octubre de 2009

Cansadumbre


Tengo demasiadas cosas que pensar, demasiadas desiciones que tomar, y muchas situaciones que resolver. Lo peor de todo es que tengo hueva (weba), mucha y no quiero hacer nada.

¿No les caga cuando sienten que el mundo, el entorno, la vida los sobre pasa? porque entonces uno se siente chiquito y no le dan las ganas ni las fuerzas para nada.

Sobre todo cuando uno se compromete desde hace un par de semanas a escribir algo y namás no sale nada, como estar desguanzado intelectualmente o físicamente, o ambas...

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viernes 7 de agosto de 2009

Carta a la pequeña Elizabeth

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Hola nena, tú no me conoces y tal vez nunca me conozcas, pero yo te amo chiquita, me encantan tus deditos que me abrazan en las noches cuando la obscuridad te asusta tanto, y cuando caminas despacio, pasito a pasito aquel pasillo largo de la casa, me encantan tus rulos frescos de primavera, y tus rodillas raspadas por el suelo mojado aquel domingo del parque México en que aprendiste a andar en bici. Yo tampoco te conozco pequeña y tal vez nunca te conozca, pero te soñé, un par de veces, no demasiadas y aun así ya siento que te quiero, te siento mía, porque surgiste como Atenea de mi cabeza loca, de la cabeza loca de papá, un poco por subconsciente otro poco tal vez por aquella sensación extraña que nos da a todos a cierta edad cuando los sueños se vuelve profundos y maduros. Te escribo esto porque te lo debo, porque siento una deuda enorme contigo de no lograrte, de dejarte escapar al amanecer cuando despierto de esos sueños hermosos. Me encantas nena y te escribo esto con cierta melancolía, con lágrimas dulces que me brotan de una nostalgia futura infutura. No se me olvida el día que te descubrí, apareciste de pronto en una sala que no existe, y me sorprendí muchísimo porque no te esperaba, pero fui tan feliz… tan feliz, traías un vestidito azul con puntos blancos y los pelos sueltos, revueltos revueltos, una maraña de chinos incontrolables y preciosos, y caminabas hacia mí y nos sentábamos en el sillón grande frente al estéreo a escuchar los discos viejos de papá, y cantábamos like a rolling stone de ese viejo desconocido que a mamá le gusta tanto y te reías porque mi barba te hacia cosquillas cuando te daba un beso cosquilludo, y llegaban tus tíos a una de esas comidas que organizábamos en casa cada mes, y jugabas con el tío Luis y con la tía Emilia, y la tía Alicia que te hacia un montón de trenzas raras y felices, y hasta con el raro pero siempre interesante tío Ramón que usaba un vestido grande y negro y hablaba muy bonito. Me acuerdo que te acercabas a ellos y les hacías muchas preguntas impresionantes porque eres una pequeña muy curiosa, curiosa e inteligente y loca como tu mamá y también muy coqueta. Recuerdo también la segunda vez que nos encontramos en mis sueños, yo veía tele hasta muy noche y tú me hiciste irte a contar un cuento de esos raros que a veces te inventaba, y después me leíste un libro rosa de princesas posmodernas y hadas que hacían sortilegios para evitar al dentista, y otro libro grande con muchos dibujos al que le cambiaste el final porque no te había gustado el que el señor que lo escribió le había puesto y te inventaste un final mucho mejor, después me acuerdo que me hiciste ponerte el disco de Luis Pescetti y cantarte ¡Hay Lili! para que te durmieras, pero en vez de dormirte nos quedamos platicando toda la noche sobre cosas de niños, cosas que compartíamos, y tú eras mi princesa. No recuerdo cuando naciste porque no naciste y eso me duele un poco aquí adentrito donde un día no te conté que está el corazón. Eres un sueño, mi sueño y te escribo esto hoy aunque pensaba dejarlo para después, pero sé que si lo dejo para después, nunca lo escribiré; y lo leo para que quede perfecto, pero cada que lo releo se me quiebra la voz y si me atora el pecho y sigo escribiendo, para no tener que despedirme y tenerte conmigo un ratito aunque sea en esta esquizofrénica fantasía. Pero no llores vale, no creas que eres un personaje más de un cuento de esos que me invento para vivir, no nena, tú eres un sueño, y no hace falta tener más de cuatro años para saber que un sueño no es un personaje, es como tú, algo que ya es parte de mi, eres la niña de mis ojos, pequeña Elizabeth tienes los ojos enormes de tú madre, y la mirada de jaguar de papá, que no se te escurran, ven conmigo esta noche, pasemos este último sueño juntos, toma de nuevo mi dedo con tu manita como lo hiciste aquella noche en que me robaste el corazón.

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Hace unos meses soñé que tenía una nena…

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lunes 27 de julio de 2009

Pan calientito


El otro día muy temprano pasé por una panadería, ya saben, a esa hora mítica en la que sale el pan de los hornos, a esa hora que pasar a lado de una panadería se vuelve una delicia pues el aroma del pan caliente no sólo te invita a pasar, sino que te seduce y casi casi te obliga a introducirte en ese suculento mundo de moronitas y migajón. Obviamente entré, no se puede pasar por alto tan agradable situación. Era una de esas panaderías de las que ya casi no hay, de esas panaderías clásicas que tienen espejos en las paredes, que se le notan los años en las abolladuras de las charolas, en las que aun dan bolsas de papel estraza y que usan esas antiguas pero siempre impresionantes cajas registradoras viejísimas.

Lo delicioso fue ver salir el pan en las torres enormes y escuchar como los bolillos aun tronaban de que acababan de salir del horno, en verdad tronaban, calientitos, como para abrir uno y llenarlo con mantequilla y darle una mordida mientras el olor te llenaba el alma.

Al final, terminé comprando tres bolillos que abrí lentamente cuando llegué a mi casa, los tomé con delicadeza y les encajé el cuchillo, a uno le puse mantequilla, el segundo lo disfruté con mermelada de zarzamoras; me impresionó que el pan aun estaba caliente cuando me lo comía, delicioso, no se si alguno de ustedes ha tenido la experiencia de comer pan salidito del horno, pero es una de esas cosas que uno no debe dejar pasar nunca. El tercero para los que se quedaron con la duda, lo guardé hasta la noche, y me lo comí sopeado en un café con leche; actividad muy practicada hace algunos años en esos exóticos cafés mexican-chinos de la colonia Roma.
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sábado 27 de junio de 2009

Entre clavos y aserrín


Cerca de mi casa hay una maderería, casi no paso por ahí, de hecho hace años que no pasaba por ahí, pero hoy en la mañana camino al mercado, me fui por la ruta de la maderería justo cuando estaba llegando la madera del aserradero.

Me encanta como huelen las madererías, como huele la madera cuando la cortan, ese olor entre madera y madera quemada, y gente trabajando, y aserrín, y los ricitos esos de madera que están siempre tirados por todo el piso. Me gusta ver a los señores cortando, lijando, desbastando los trozos enormes de arboles, con sus sombreros y sus pantalones vaqueros, con su bicolor en la oreja, escuchando huapangos, con el pelo lleno de aserrín, sacando sus flexómetros y midiendo las mesas, las sillas, las puertas.

Hoy en la mañana caminaba y me detuve en la maderería a oler la madera, a escuchar los serruchos, los esmeriles, a sentir por un segundo que pudo haber pasado en otro universo, en el que yo era carpintero, y tenía un sombrero y un martillo y escuchaba huapangos, y tenía un bigote increíble, con los jeans sucios y arto aserrín en la cara y entonces me construía una silla, y una mesa y unas puertas, y era feliz, feliz todo el día entre esos olores deliciosos, poniendo clavos por aquí, quizá un par de pijas por allá, barnizando una cabecera enorme, y al final llegar a mi casa cansado, realmente cansado y dormir.

Don Chuco el carpintero sería en mi otra vida, y hablaría cantado, y tendría un par de hijos a quienes les enseñaría el oficio, una vida sencilla y feliz, una vida diferente que transcurre entre clavos y aserrín.


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lunes 22 de junio de 2009

cuando olvidamos que vivir es tan fácil como andar en bici


Algo que todos sabemos o que creemos que sabemos es que las cosas que parecen insignificantes son las que verdaderamente valen la pena (eso te lo dicen hasta los papelitos que te regalan en el metro), la sencillez siempre viene en paquetes pequeños, pero es suculenta y hay en abundancia. En cambio, últimamente me he dado cuenta, que aquellas cosas que parecen ser las más valiosas, aquellas que creemos no podríamos vivir sin ellas, aquellas que pensamos nos hacen falta, esas no valen tanto como aparentan.


Hay veces que olvidamos vivir ligerito, que queremos más y más creyendo que más allá está lo que buscamos, cuando realmente lo tenemos frente a nosotros sin darnos cuenta o sin querernos dar cuenta, y así, así la vida no es deliciosa, así la vida no es de sabores. Nada es demasiado... nunca es suficiente, si olvidas esto, estás vacio, estás jodido.


Ya, demasiado positivo para mi blog, demasiado cursi hasta para mí, pero sentía ganas de decir algo así, porque... eso es lo que estoy viviendo, después de días completamente tortuosos, recordé que la felicidad es muy barata.
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domingo 14 de junio de 2009

no baby no more... (o acerca del vacio y la nada)


Tengo de nuevo esa urgencia sofocante de escribir. Pero... ¿qué escribir? ¿escribir qué? Relatos no me faltan, acontecimientos tampoco, últimamente me dan vueltas en la cabeza las palabras suficientes para un silencio altivo, pero no, mejor que no.

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Mejor algo vacio, sin preposiciones y sin proposiciones -algo vacio- pero vacio. La sociedad de hoy, confunde el vacio, con la nada; será tal vez que el lenguaje nos ha llevado a identificarlos, porque decimos que el tiempo que parece vació, es cuando no pasa nada; lo mismo decimos de una caja, un armario o hasta de la vida. Se dice que está vacio, de aquello que no tiene nada, y sin embargo, creo que nada y vacio no son para nada lo mismo, comenzando por el hecho de que uno es un sustantivo y el otro un adjetivo (¿cuantitativo o indefinido, cómo saberlo?).

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Podría por ejemplo comenzar diciendo, -Tengo de nuevo esa urgencia sofocante de escribir- y al final no escribir nada, no decir nada, y no quedar insatisfecho. Creo que eso quiero, quiero escribir y no decir nada, o simplemente no quiero decir nada, pero sigo queriendo escribir.

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El significado siempre está entre líneas, en los espacios en blanco, en esa parte a donde no tenemos acceso inmediato, por eso tenemos que ir más allá de lo simplemente sensible, donde está vacio donde no hay nada (parece ser que aquél argelino no estaba tan equivocado). Entonces... ¿tiene sentido o no tiene sentido que escriba algo con sentido, o que pretenda tener sentido, o que por lo menos parezca que tiene sentido?. Sí y no, es más sencillo responder así -sí y no- evita muchísimos problemas, es parte de lo mismo - sí y no - es decir algo con sentido sin sentido, como decir por ejemplo: -estoy diciendo algo que no dice nada- ¿digo o no digo algo? ¿no digo nada? ¿digo nada? digo algo...

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Creo que al final, si juntamos ese sustantivo y ese adjetivo, obtenemos un espasmo de demasiada verdad ................NADA VACIO......., y eso si que resuelve muchas cosas (o tal vez ninguna), porque la realidad escondida detrás del oxímoron (aspecto que ya había descubierto un nazi a principios del siglo pasado), revela lo irracional del todo (todo como sustantivo), muestra de cierta manera ese conocimiento pre-teorético que tanto el argelino como el nazi andaban buscando [que yo ya no se que tan "pre" es ese pre; pero si que me creo que escapan a la razón].

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Y ya hasta aquí, que comienzo a estar demasiado confundido; pero he logrado mi objetivo de escribir algo con-significado sin decir nada (yo se que no es cierto, pero me gusta creer que sí).

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.¿

¡bang! ya no existes...

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