
Hace exactamente dos días que he llegado a Nueva York y vaya que es grande. He caminado sorprendido por la gran manzana: Manhattan, Brooklyn, Queens, Central Park; verdaderamente lugares fantásticos. Al caminar frente del Empire State, Sinatra comenzó a cantarme al oído, “New York, New York”. ¿Qué decir cuando se camina por Time Square? Donde obligadamente tuve que detenerme por un café. Wall Street es obsesivamente comercial, obsesivamente blanco y obsesivamente enorme; y la experiencia visual del “Moma” el cual impacta desde el exterior con esa arquitectura postmodernista. A eso de las ocho de la noche, y cantando bajo la lluvia en el puente de Brooklyn; me surgió ese cosquilleo que lo lleva a uno a hacer cosas. Tomé un taxi amarillo fantástico, que era conducido por un hombre negro “negro” (de ese negro obscuro que uno no ha visto nunca en su vida; porque es muy diferente ver a una persona de color en t.v. que verla en la vida real; solo cuando están frente a ti, sabes lo que es el negro, y no es que sea yo racista, pero enserio; eso impresiona) “Bronx Please”; no podía faltar a una cita de Jazz con un Martini, en aquel lugar donde todo comenzó. Que Jazz señores; uno no puede ni respirar de la emoción que produce aquellos disconformes sonidos que se perciben no con los oídos; sino con el alma misma. Aquello era una verdadera “Big Band” y un verdadero Martini. ¿Qué mas podría yo pedir aquella noche? Un cigarrillo tal vez, unos ojos brillantes… unos ojos tornasol; y allí estaban esperándome, en verdad “New York” lo tenía todo, completamente todo; pues aquella bella figura al otro lado del salón, completaba mis expectativas. Labios rojos, muy rojos y suaves muy suaves; al menos eso quise pensar; era verdaderamente una mujer muy hermosa, si muy hermosa y acompañada. No iba a acercarme, eso ni pensarlo; no con mi Ingles deficiente, mi capital limitado y mi cara de… Para cuando terminé de pensármelo, ya no estaba. Ella y su grupo de amigas ya habían salido del lugar, y yo… yo aun no sabia que hacer. Pasó la noche, tome unos tragos más, fume unos cigarros más, y me recrimine las siguientes dos horas por dejar que pasara la oportunidad. –Necesito un café- me dije tenso; así que salí rápidamente y corrí; una dos tres cuatro cuadras… ¿manzanas? “¿Apples?” ¡bah!, que cosas estás pensando, “Starbucks” “a coffe please” “thanks” me siento, saco un libro, leo, tomo un sorbo de café; esta caliente, soplo un poco y bebo un poco más; me gusta sin azúcar; miro al frente: una, dos, ¡tres! Chicas; y la de los ojos tornasol que me mira sonriendo y yo… que sonrío.
El resto de la noche es de esas noches Neoyorkinas, con vino blanco, velas y estrellas; todo bajo la luz de la luna, en una hermosa velada, de un otoño cansado que termina mañana; mientras yo sonrío con una chica coqueta que tal vez no vuelva a ver jamás.
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*Nota: Yo nunca he visitado NY, pero después de esto definitivamente me muero de ganas por ir.