viernes, 11 de junio de 2010

Historia sin fin




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Cómo se escriben los nombres escondidos, los nombres desaparecidos. Querida desconocida, pequeña ausencia. De pronto llegas sin venir y te vas. Olvidada te olvidas olvidadiza, y regresas, vuelves sólo para desaparecer de nuevo. Y yo idiota te espero sabiendo que no estás y que sin estar te escondes y que a escondidas te vas, como viniste escondida entre pasiones adolescentes y sueños falsos. Se de ti la nada, de la conversación vacía que simulas, y que yo simulo que importa. Somos personajes de nuestras historias impropias, y nos matamos creyendo que vivimos, porque de silencio mueren los personajes de los cuentos que no se cuentan, de silencio y de ausencia. Y nos creemos presentes en el abismo de la soledad, soledad como sustantivo, como sujeto, como sustancia.

Entonces somos nosotros, los únicos, los verdaderos, pero sólo cuando nadie nos ve, porque sólo podemos ser propios y nuestros cuando no hay quien nos califique o descalifique, cuando desaparecemos de la realidad y nos abstraemos o extrapolamos de nuestra realidad propia, absoluta. Ahí sí que somos, en los sueños in-compartidos, imperturbables, fuera de todo alcance, fuera del exterior y de nosotros mismos.

Al final sólo tenemos las palabras, las palabras y los sueños falsos, lo demás es la realidad, y esa, esa no se toca, esa no la compartimos, esa la creemos verdadera e inexpugnable, inmutable. Somos lo que distingue lo efímero de lo imprescindible, somos verso no poesía.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mira tu...
saludos.


Claudia

Juanopio dijo...

Me gustó eso de "somos verso, no poesía". Porque pensándolo así, sólo juntos de hace un poema.

Un abrazo, Jesusín.